Música

El único disco de un grupo sin nombre

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The good, the bad and the queen sigue siendo hasta la fecha el único trabajo del supergrupo sin nombre oficial compuesto por Damon Albarn, Paul Simonon, Simon Tong y Tony Allen. Aunque el disco salió a la luz hace seis años, en enero de 2007, el origen del proyecto se remonta varios años atrás…

A finales de 2003, Blur, una de las bandas más destacadas del britpop de los noventa, se disuelve. Su líder, el hiperactivo Damon Albarn (también líder de Gorillaz), recupera entonces la idea de grabar un disco con Tony Allen, baterista de Africa ’70 y pionero, junto a Fela Kuti, del afrobeat

Entre ambos artistas existía una fuerte conexión. Cuando, tres años antes, en el 2000, Allen escuchó la canción Music is my radar, tema inédito aperecido en el recopilatorio The best of Blur, quedó entusiasmado y decidió llamar al cantante para invitarle a tocar en un concierto que por aquellas fechas ofrecía en París. Más tarde, el africano volvió a llamar a Albarn para pedirle que grabara una canción para su disco Homecooking, siendo así como surgió Every season. Allen había albergado desde ese momento la esperanza de trabajar en un proyecto más ambicioso junto al británico.

En seguida se une al tándem Albarn-Allen el ex guitarrista de los Verve, Simon Tong. Tong también había trabajado antes con Albarn, en su caso, en Think Tank, sexto album de Blur. La repentina salida de Graham Coxon de la banda durante la grabación del disco obligó a Albarn y a los suyos a buscar un sustituto. Y el elegido fue Tong, quien pronto se convirtió en el guitarrista de confianza de Albarn, acompañando al cantante en proyectos como Gorillaz. 

El trío empieza a trabajar ese mismo año en el Studio 13 de Albarn, en Londres. Y en la primavera de 2004, Albarn enseña lo obtenido a Danger Mouse. El productor, que en esos momentos está trabajando con Albarn en el segundo disco de Gorillaz, acepta supervisar el proyecto.

Por aquella época, a Albarn le obsesiona la idea de regresar a África y tocar con músicos locales. (El artista había trabajado con músicos africanos durante la grabación del disco Mali Music). Así que Allen sugiere que viajen los cuatro (Danger Mouse incluido) a su tierra natal, Nigeria. Y eso hacen. Durante dos semanas permanecen grabando en el Aphrodisia Studio de Lagos. El resultado: más de una veintena de canciones con una rica variedad de sonidos. No obstante, a su regreso a Londres, Albarn no está del todo satisfecho con el material obtenido en Lagos; según él, carece de cohesión y no presenta un aspecto terminado.

La fecha límite para el lanzamiento de Demon Days, el segundo disco de Gorillaz, se aproxima, por lo que Albarn y Tong deciden aparcar el proyecto hasta terminar aquél. De esta forma, queda paralizado momentáneamente hasta mayo de 2005, cuando la salida de Demon Days al mercado deja por fin a Albarn vía libre para centrarse en su nuevo trabajo.

Es entonces cuando Danger Mouse le propone desechar todo el material africano y buscar un sonido más inglés, más próximo a lo que habían grabado en el Studio 13 durante los primeros meses. Albarn, que desde la publicación de Parklife en 1994, había abrazado la idea de lanzar un disco puramente brit, aplaude la propuesta. Así, poco a poco, y con la ayuda de Danger Mouse, van depurando los temas, eliminando los elementos más africanos y resaltando las partes más británicas.

Pero aún falta una pieza básica para completar la banda: el bajo. Y el nombre de Paul Simonon surge en la cabeza de Albarn. El antes bajista de los célebres Clash, que vive a sólo unas manzanas, acude al Studio 13 para tomar una taza de café y escuchar el material grabado hasta entonces por Albarn, Tong y Allen. Le resulta tan… “cinemático”. Ya se imagina escuchando las líneas de bajo.

Simonon y Albarn, que apenas sí se conocen, pasan horas charlando sobre el vecindario, libros, películas… Se sorprenden de cuánto tienen en común. El interés mostrado por ambos por la historia, la cultura, las costumbres locales del Westwood londinense, donde viven, es el impulso definitivo para romper con las ataduras del material de Nigeria y empezar de nuevo

Albarn, Simonon, Tong y Allen se encierran en el estudio y empiezan a escribir y ensayar nuevas canciones. Danger Mouse, que había GBQ 2supervisado las sesiones, tras mezclar el material final, recibe el honor de decidir el orden de los doce temas que conformarán el disco. Finalmente, el 22 de enero de 2007, bajo el sello EMI Records, sale a la luz The good, the bad and the queen.

Como es de esperar, los ecos del pasado están muy presentes en el disco: el sonido del último Blur e incluso de Gorillaz, la electrificante línea de bajo enraizada con el reggae tan característica de los Clash, los ágiles ritmos del afrobeat… Pero, con todo, éstos no son más que pequeños detalles que contribuyen a enriquecer un disco con rasgos distintivos propios. Damon Albarn lo explicaba en los siguientes términos: “No importa que toquemos todos juntos, hay mucho espacio entre lo que hace cada uno. No es música rock, pero tiene elementos de guitarras de rock. No es reggae, pero tiene fuertes elementos del sonido reggae y sus bajos. No es folk, pero yo siento que muchas de las canciones son folk”.

Desde el primer momento, The good, the bad and the queen disfruta de una buena acogida por parte de la crítica, que pronto lo etiqueta como el sucesor de Parklife. Un disco conceptual: una “postal desde Londres”. Sin embargo, diez años después, la visión de Albarn acerca de la vida en su país ha cambiado…

Parklife, uno de los discos más emblemáticos no sólo de Blur sino también del britpop de los noventa, era un canto al estilo de vida británico. Una exaltación de lo british. Captaba la atolondrada vida de mediados de los noventa en un Reino Unido que parecía despertar gracias a los cambios en la política y la moda, guiados por el Nuevo Laborismo, la música de bandas como Oasis, Pulp o los mismos Blur, y la cultura juvenil. Diez años más tarde, en la década de los dos mil, toda aquella alegre aunque amarga comedia de la vida británica se ha esfumado, igual que el britpop que la encumbró, dando paso a una oscura melancolía.

El Londres que dibuja Albarn en The good, the bad and the queen es un Londres espectral, triste, nostálgico. El disco retrata las horas más oscuras de una ciudad desolada por las guerras y los desastres naturales. Ahora, los verdes campos se han convertido en piedra. Las calles aparecen silenciosas; nadie habla. Los cuervos pasan volando frente a la la luna. Todo parece haber muerto, en cierto sentido.

Es un Parklife apagado y gris. Un “Reino de la Perdición”.

Después de una prolongada gira mundial durante el 2007, los componentes de la banda se retiran para trabajar en otros proyectos. Simon Tong y Paul Simonon participan en la grabación y en la gira de Plastic Beach, tercer disco de Gorillaz, mientras que Tony Allen, además de retomar su carrera en solitario, inicia un nuevo proyecto junto a Damon Albarn y Flea, de los Red Hot Chili Peppers, bajo el nombre Rocket Juice and the Moon.

Albarn, Simonon, Tong y Allen volvieron a juntarse en 2011 para ofrecer dos conciertos con motivo del cuarenta aniversario de Greenpeace. Sin embargo, y a pesar de los rumores y declaraciones de los últimos tiempos, The good, the bad and the queen aún no ha tenido sucesor y sigue siendo hasta la fecha el único trabajo de este supergrupo sin nombre oficial.

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