Cine y Series/Entrevistas/Medios

Javier Ocaña: “Cuando alguien de aquí consigue el éxito, se piensa: “algo ilegal habrá hecho”. Así somos de cabrones”

Por: Javier Ureta y Adrian Trapiello

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Javier Ocaña atrae con su palabra cercana; pausada, tibia. Sus formas y sus gestos –muy alejados del horrible estereotipo del crítico de cine– son una invitación al diálogo extenso y relajado. Provoca la tentación de interrumpirle para poder ser participe de lo que dice; pero a la vez es imposible no quedarse quieto escuchando, aprendiendo. Él habla de su “papel mediador”, pero el bagaje profesional que atesora –nueve años en el diario El País y una década en Cinemanía– y su cada vez más extensa actividad docente –profesor de la Cátedra de cine de  la Universidad de Valladolid– nos conducen a un referente periodístico e intelectual.

En 2009 escribiste para Cinemanía un artículo titulado “Los siete pecados capitales del cine español”. En 2011 lo recuperaron porque nada había cambiado. ¿Persiste esa crisis?

Es una crisis un poco perpetua porque nunca ha habido una industria fuerte; pero hay un grupo de gente que, si bien es cierto que en el cine no hay una fórmula que garantice el éxito, vienen acertando y sacando una serie de triunfos importantes en la última década. El ejemplo son las dos últimas películas de Juan Antonio Bayona. Son productos bien hechos, que te pueden gustar más o menos, pero de calidad. Además están bien vendidas, bien promocionadas. Aun así la mayoría de esos pecados capitales siguen vigentes. Una muestra es que seguimos carentes de un referente cultural, alguien que hable y el resto escuche. Antes, estaba gente como Elías Querejeta o Fernando Fernán Gómez. Ahora, no hay ninguno. Al cine español le falta un líder espiritual. Podría serlo Pedro Almodóvar, siendo como es el tótem del cine español, pero mira sobre todo por sus intereses. No lo digo como una crítica, a mí me parece bien. Cada uno hace lo que mejor le venga. Por otra parte, no veo a Alejandro Amenábar liderando todo esto. No porque no pueda ser un líder, sino porque ni siquiera creo que le interese. Incluso hemos tenido una Ministra de Cultura que había sido directora de cine, pero tampoco creo que ella pudiera ser un referente. No era ni siquiera buena ministra.

Con lo que decías de Almodóvar,  me viene una frase a la cabeza de El Padrino que dice: “Yo creo en América; América hizo mi fortuna”. Pienso que expresa bastante bien la cultura del emigrante que llega a la tierra prometida y allí crece profesionalmente. ¿Crees que pasa algo así con los actores que emigran a Hollywood?

Sí, desde luego. Esa cultura del triunfo incluso está mal vista en España. Cuando alguien de aquí consigue el éxito, siempre se piensa: “Algo ilegal habrá hecho para llegar…”. Así somos de cabrones. El español, de por sí, es un poco cenizo.

¿Qué cartel real tienen los actores españoles en Hollywood?

Muy bueno, especialmente Javier Bardem. De hecho, Sam Mendes –el director de la última entrega de la saga de James Bond,  Skyfall– ha llegado a decir que es el Marlon Brando de su generación. Él, por ejemplo, sí que podría ser un referente para el cine español, pero su problema es que está demasiado politizado. Y eso no es bueno porque solo englobaría a una parte de la opinión pública. De todas formas, en Estados Unidos está demostrando una capacidad interpretativa tremenda. Si te fijas, ninguno de sus papeles tiene similitudes con otros que haya hecho. ¿En qué se parecen sus personajes en  Mar adentroSkyfall o No es país para viejos…? En nada. Se ha ganado una vida estupenda en Hollywood.

¿Está pasando el cine estadounidense por una crisis de ideas, una vez acabado su momento dorado?

Yo creo que no. Cada año, cuando me piden una lista de las diez mejores películas, al final siempre acaban apareciendo seis o siete americanas. Ya sean independientes o de Hollywood. Al final siempre están ahí. Este año, dos de las grandes películas son independientes y llegan de EE UU: Take shelter y Martha Marcy May Marlene. Y sus directores son muy jóvenes, porque allí cada año sacan nuevos valores. Por ejemplo, a mí el director que más me gusta de los últimos quince años es Paul Thomas Anderson. El de Magnolia. Y solo tiene 41 años. Si su salud se lo permite hará otras diez o quince películas maravillosas. Es el Kubrick de esta generación. Pero esto no pasa sólo en América. En el resto del mundo siguen apareciendo grandes directores. Por eso, yo creo que ese tópico de “el cine bueno es el que se hacía antes” no es verdad.

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Visto el buen momento del cine indie, por lo menos este año, ¿cual crees que es su futuro?

Bueno, ahora los avances tecnológicos te permiten hacer cine con pocos medios, y eso abre mucho el panorama. Al final, sólo acaba contando el talento. El cine está en una encrucijada en la que no se sabe hacia dónde se va a dirigir. Hace siete u ocho años ir al cine era un acto social: tú ibas al cine e ibas con gente. Ahora, la forma de ver cine ha cambiado. Ha surgido la individualidad, el poder ver una película tú solo en la pantalla de tu ordenador, de tu televisor…

Volviendo otra vez al momento del cine en Hollywood, hay una opinión que se está extendiendo y es que el mejor cine, ahora mismo, es el de las series de televisión norteamericanas.

No estoy en parte de acuerdo con eso. En parte, y te digo el porqué. Es cierto que se están haciendo series maravillosas por calidad y cantidad; pero yo ese lugar común que comparten el cine y las series no acabo de aceptarlo. Cada vez está mas extendida la tendencia de que actualmente los mejores productos son los que se hacen para televisión, pero en mi opinión, si quitas Los SopranoThe Wire Mad Menel resto de series no le llega a la altura de los zapatos a una buena película. Son cojonudas, pero son tele. Y ese pero no tiene connotaciones negativas. Simplemente son otro ámbito. No pasa nada. ¿Por qué tenemos que decir que lo que mejor se hace son productos televisivos? Pues claro que no. Y tampoco estoy tan de acuerdo en que haya, como se dice, quince o veinte grandísimas series. Yo creo que no las hay. Hay series buenas, claro, pero que al fin y al cabo no me motivaban para engancharme. Para ver una película buena tienes que dedicarle dos horas de tu vida; para una serie tienes que dedicarle muchísimas horas. Y para eso te tiene que encantar. Hablo de Roma o de Breaking bad. Sí, están bien, pero por ejemplo Breaking bad no deja de parecerme un sucedáneo del Fargo de los hermanos Coen.

Ya que te veo crítico con el tema, ¿qué papel crees que tenéis los críticos respecto al cine y las series?

Yo siempre me califico como el mediador entre un producto y un público que quiere consumir ese producto. Yo le ofrezco las herramientas para que cuando vean esa película la entiendan un poco mejor, para que sepa sacarle más partido.

Y respecto al producto, ¿llegáis a tener influencia real en su éxito o fracaso?

No, ¡qué va! En realidad influimos muy poco. Sobre todo en los productos grandes.

Cambiando al tema del futuro de los medios. ¿Cómo lo ves?

Pues no lo sé, la verdad. No me puedo mojar. No sé si desaparecerá el papel o leeremos todo en internet o qué pasará. Yo tengo una cosa clara: el futuro no pasa porque los periódicos lo ofrezcan todo gratis. Eso de que puedas leer lo mismo en la edición digital y en la edición escrita de El País se va a acabar. Creo que aún falta un tiempo para que el cambio sea significativo. El periodismo está en una encrucijada. Pero no sólo el periodismo como medio, sino el periodismo como concepto. ¿Qué demanda el público, un tweet o un reportaje pensado, reposado y con un análisis profundo del tema en cuestión?

Entonces, no crees en el periodismo ciudadano.

No, sinceramente no. Puede servir para ciertas cosas, pero el periodismo demanda análisis, profesionalidad, investigación… Es como si me dices que si creo en la fontanería del ciudadano. Pues habrá gente que sea muy manitas, pero prefiero que venga un profesional y lo haga bien. Y yo creo que ahora es cuando más necesarios son los periodistas. Ahora que hay una carga de información tremenda. Ahora, es cuando se demanda oficio, preparación y un plus de conocimientos, de saber escribir el cine. Pero ese plus hay que darlo, porque si no ya nada nos distingue de un blog aficionado.

Vemos día tras día cómo los medios se abrazan a los ERE. ¿Cómo es vivir desde dentro una crisis como esta? ¿Cómo te afecta?

Es tremendo. En los últimos años se han quedado en el paro más de diez mil periodistas. Y diez mil en el paro de los cuales buena parte son gente de muchísima experiencia y que trabajaba para grandes medios. La sensación ahora es que si te echan de un medio grande, ya no te hablo de uno pequeño, no tienes dónde irte porque no hay empresas que estén contratando periodistas. Ya sabéis que en El País han despedido a ciento cincuenta periodistas y le han bajado el sueldo un 15% al resto de la plantilla. Yo escribo críticas todas las semanas. Llevo nueve años haciéndolo; pero no estoy en plantilla, nunca lo he estado: soy autónomo. El miedo que hay es el de que todo se vaya a pique. Si hay un sector donde se está viviendo claramente la situación económica es en el mundo del periodismo, y además se le está uniendo ese momento de encrucijada del que hablabámos antes. Yo intento diversificarme, apoyarme también profesionalmente en la parte didáctica. Pero la verdad es que es jodido.

¿Tenemos futuro los jóvenes?

Yo creo que futuro tiene que haber. El mundo del periodismo existe desde hace varios siglos. Lo que no tengo claro es qué clase de futuro va a ser.  Si la gente va a confiar más en el periodismo ciudadano que en el de los grandes medios o qué va a pasar. Ahora bien, lo que es evidente es que los grandes medios deben ser libres y plurales. Yo, en ese sentido, he podido trabajar en medios donde no hay que sufrir presiones. He trabajado con absoluta libertad. Supongo que eran suficientemente grandes como para trabajar sin condicionantes externos. Igual en medios más pequeños no pasa; pero no he tenido nunca una indicación previa o a posteriori sobre alguna de mis críticas. De hecho, he puesto mal películas de PRISA cuando PRISA tenía su propia productora. De todos modos, yo no sé si el público de a pie se cree que estas cosas pasan. La gente alguna vez ha pensado que estaba Polanco allí por las tardes llamándome para que pusiera bien una de sus películas. Pero la verdad es que yo he tenido en los nueve años que llevo en El País tres redactores jefe en la sección de cultura y a dos de ellos no los he conocido. Es más, no he hablado con ellos ni por teléfono. Y supongo que eso pasará en más medios grandes, no creo que El País sea el único. Cuanto más grande es el medio, menos afectan las presiones del exterior.

Leí a Segurola, en una entrevista en Jot Down, decir que había quedado desencantado con su trabajo como redactor jefe de cultura de El País. Él ya lo había sido previamente en deportes; pero vio que la cultura estaba demasiado sometida a las presiones de la industria y acabó renunciando.

Segurola fue uno de mis redactores jefe. Y es uno de los que no conozco ni en persona, ni por teléfono. Supongo que allí en la redacción los jefes sí que pueden recibir algún tipo de presión. Igual algún día que me cargué una película de SOGECINE lo pudieron llamar; pero a mí nunca me ha llegado. Ni antes, ni después. Ni siquiera me ha llamado para decirme “oye, ayer te estuve defendiendo”, porque eso también sería una forma de presión. Siempre he trabajado con absoluta libertad. Tanta, que a Ángeles García y a Segurola ni les he conocido.

También has trabajado para Cinemanía, otro gran medio.

Sí, y fue una experiencia magnífica. Yo he crecido en Cinemanía. Profesionalmente e incluso personalmente. Entré como becario el 7 de enero del 97 y salí diez años después habiendo aprendido todo lo que sé. Si algo sé, fue porque lo cogí allí. Tuvieron confianza en mí desde el principio. A todos los niveles. Y en el momento en que hubo un director general que no la tuvo, me fui.

Para acabar, ¿qué crees que es necesario para ser crítico de cine? ¿Cuál es el camino a seguir?

Yo, a la gente que quiere ser crítico de cine, le diría que abriera el abanico. Hay que empezar intentando ser el mejor periodista posible y, ya puestos a ser el mejor periodista, intentar ser el mejor periodista cinematográfico. Una vez que ya eres un gran periodista cinematográfico probablemente eso te lleve a ser crítico de cine. Ése es el camino que yo he seguido: trabajo duro, mucha mano izquierda, porque  hay que tener respeto, pero no ser tonto y tener siempre los ojos y las orejas bien abiertos para aprender.

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