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Karmelo Iribarren: “La poesía es minoritaria porque se enseña mal en las escuelas, o ni se enseña”

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Karmelo C. Iribarren nace en San Sebastián, donde reside, en 1959. A los trece años empieza a trabajar en la cafetería de una residencia de ancianos y, casi por las mismas fechas, escribe sus primeros poemas, algo –escribir poemas– que no dejará de hacer desde entonces. En los setenta publica en pequeños fanzines sus primeras piezas, pero no es hasta 1993 cuando aparece Bares y Noches, su primera publicación “seria”. Entre sus obras editadas se encuentran La ciudad, Ola de frío, Otra ciudad, otra vida o Seguro que esta historia te suena. Su poesía antirretórica le ha colocado en una posición privilegiada dentro de la poesía reciente de nuestro país. Como su poesía, Iribarren no usa dos palabras para expresar algo si puede hacerlo con una. Con él hablamos en esta entrevista de su carrera y de su obra, pero también de poesía y del panorama poético español de la actualidad.

(Notas: La entrevista fue realizada por correo electrónico hace un mes. Fotografía de Thomas Canet).

Empecemos por el principio: ¿cuándo y cómo comienzas a escribir? ¿Por qué poesía?

Empecé a escribir poemas muy pronto, a los trece años o por ahí. Y no hubo premeditación a la hora de elegir la poesía y no la prosa, surgió así. Escribir poemas es una consecuencia de haberlos leído, y yo a esa edad ya leía libros de poemas, con poco provecho, seguramente, pero los leía.

En el prólogo a La ciudad, Joaquín Juan Penalva escribe que Karmelo Iribarren “no procedía, ni mucho menos, del ámbito académico, sino de una vida laboral propia de un personaje de novela negra”.

Empecé a trabajar en la cafetería de una residencia de ancianos a los trece o catorce años, por las tardes. Luego he hecho un poco de todo, es decir, nada con fundamento: he sido albañil, pintor de brocha gorda, linternero, he vendido enciclopedias y he trabajado durante veinte años de camarero. Yo me formé literariamente solo, lo que sé lo aprendí solo, con papel, libro y bolígrafo. Es duro, tienes que tener disciplina y voluntad. Yo las tenía para la poesía. No así, curiosamente, para la vida.

En numerosas ocasiones se ha relacionado tu obra con las de Charles Bukowski, Raymond Carver, Roger Wolfe, la novela negra norteamericana…

Los tres grades poetas que citas me gustan, y mucho. Pero mi poesía, formalmente, está más cerca de poetas como Ángel González o Javier Salvago, por ejemplo. Y hasta de los latinos, los epigramáticos. Yo he leído muchísima poesía, me apasionaba como nada en esta vida. La novela negra, la buena, es una fuente inagotable de poesía, en el mismo sentido en el que lo es la vida. En la novela negra la vida aparece en dosis, párrafos de una intensidad lírica que es pura poesía, muchas veces. Y luego está el ritmo, la elipsis, el uso del asíndeton tan de atestado policial, las metáforas urbanas destellantes que nutren estas novelas.

Y también con frecuencia se ha intentado etiquetarla dentro de distintos estilos: “realismo sucio poético”, “realismo limpio”, “minimalismo”, “poesía de la experiencia” y un largo etcétera.

Mi poesía es realista, elegíaca, epigramática, reflexiva, limpia, sucia, dura y tierna como los es la vida. Porque yo soy un poeta de la vida, más que de los libros. Los críticos no saben muy bien qué hacer conmigo, y lo que suelen hacer es no hacer nada.

Respecto a tu poesía, escribe Juan Miguel López Merino: “Lo que hace única la obra de Iribarren es su valentía para enfrentarse al poema sin ninguna de las viejas herramientas, teniendo que formarse otras nuevas”.

Mi intención era escribir una poesía que no pareciese poesía, pero que lo fuese. Poemas que al lector le llegasen directos, claros, como si alguien le contase algo. Para conseguir eso, el alarde técnico tiene que desaparecer completamente, aunque esté ahí, de forma invisible para el lector.

En cualquier caso, se puede decir que la tuya es una poesía, por decirlo así, diferente, caracterizada por el uso casi exclusivo del lenguaje coloquial y el abandono de todo tipo de métrica y rima definidas. ¿Es ésta una postura arriesgada?

El verso libre es el menos libre de todos los versos. Estás siempre al borde de la mala prosa. Si además prescindes de metáforas, adjetivación y otras retóricas, te quedas desnudo en el papel. Sí, tiene su riesgo. No sé si más que otras propuestas. Escribir bien es difícil elijas el estilo que elijas. Otra cosa es escribir “correctamente”. Que es lo que suele hacer la mayoría…

Y, sin embargo, a pesar de que no tienen rima ni métrica definidas, tus versos presentan un ritmo muy característico y personal.

Es que tengo interiorizados los ritmos de la poesía y puedo escribir de oído. Yo no cuento las sílabas, no me hace falta, sé que utilizo periodos de sílabas recurrentes, y eso al final hace que todo avance. Por otra parte, yo uso la rima asonante interna, que no se nota; casi más se escucha, sin que el lector se de cuenta. Es la carpintería del poeta. Cada uno tiene la suya.

En cuanto a la temática de tu obra, dos palabras-clave, repetidas hasta la extenuación, son bar y ciudad.

Lo mejor de la vida, y lo peor, suele suceder en esos sitios. De hecho, la vida, tal y como yo la entiendo, se expresa en ellos como en ningún otro.

Tus poemas hablan de pequeñas historias cotidianas, historias que al lector le suenan, pudiendo sentirse identificado con lo que escribes…

Si escribes sobre lo que te pasa, que es lo que le pasa a todo el mundo, es decir, sobre el amor, el paso del tiempo, la amistad, el deseo…, es normal que el lector se sienta identificado. Pero hay que hacerlo de manera que le parezca nuevo lo que ya es viejo. Se trata de mirar lo de siempre de otra forma. Busco entretener, que el lector con-sienta conmigo. Si consigo algo más, mejor.

En relación con sus pequeñas historias comunes, Raymond Carver escribía: “El poeta puede escribir sobre objetos cotidianos utilizando un lenguaje coloquial y dotar a la vez a esos objetos (una silla, una persiana, un tenedor, un anillo…) de un inmenso, incluso asombroso poder”.

Hay que mirar de otra manera. Una silla, una persiana… no paran de decirte cosas. Escucha atentamente, mira atentamente, y hallarás. Yo hablé de esto en un poema que se titula “Bajo una luz distinta”. Es eso, ver las cosas de siempre bajo otra luz, la tuya, que es única.

Otra vez Carver… Él decía que buscaba plasmar en sus relatos “un leve aire de amenaza”; “debe haber tensión, una sensación de que algo es inminente”, decía. En tus poemas se aprecia también esa “amenaza”.

A partir de una edad la vida es una continua inminencia. Hay algo por ahí buscándote, real y nada agradable. La vida se vuelve más peligrosa… curiosamente cuando menos peligros corres.

Cambiemos un poco de tema: ¿qué es la poesía para Karmelo Iribarren? ¿Estás de acuerdo con la afirmación “la poesía que no se entiende es mala poesía”?

La poesía es una de las cosas que más me importan en esta vida, que más en serio me tomo. Un poema no es malo por ser oscuro, aunque en la oscuridad se escondan, o lo intenten, muchísimos malos poemas. Lo importante es que el poema te guste, si te gusta lo seguirás leyendo y al final entenderás lo que tienes que entender. Si no te gusta y además es incomprensible, bueno, entonces llama a un crítico…

Pero ¿dónde está hoy en día el sentido de la poesía?

Las cosas son importantes en función de la importancia que les concedas tú. Estamos viviendo un renacer de la poesía, que además se ha hecho viajera, piensa en los móviles, internet, etcétera. La poesía aporta calor, compañía, luz, inteligencia, y te pide muy poco a cambio. Leer poemas es un acto subversivo. Es decirles no, y decirte sí.

¿Goza la poesía española de buena salud?

En España se está escribiendo la mejor poesía del mundo. Hay una cantidad de buenos poetas impresionante. Y para todos los gustos.

¿Y por qué, entonces, sigue siendo un género minoritario?

La poesía es minoritaria porque se enseña mal en las escuelas, o ni se enseña. Hablo de mi experiencia. Porque se hacen pasar, gracias a poetas y críticos, cosas infumables por poesía. Porque todavía hay “critiquillos” que defienden que si un poema se entiende no es un poema. Se ve que han leído mucho a los Machado, Biedma, González, Quevedo, etcétera.

¿Puede vivirse de la poesía?

De la poesía es imposible vivir. Aunque algunos, sumando lo que se han llevado en premios, casi desmienten esta afirmación.

Volvamos a tu obra: tiene cierto tono confesional, casi autobiográfico. En ella, el sujeto poético suele ser un personaje escéptico, pesimista, cabreado pero con sentido del humor, observador, casi voyeur, a veces tierno y a veces duro, y que se tiene a sí mismo por un perdedor. ¿Qué hay de todo esto en Karmelo Iribarren?

Mis poemas son yo casi al cien por cien; la parte que no lo es, la dejo para que especulen los lectores y me sigan haciendo esta pregunta.

Con los años, tus poemas ha ido profundizando en el tono elegíaco, ¿por qué?

Es la vida, que pasa y te va echando a un lado. Lo que eso produce pasa al papel como antes pasaban la alegría y las posibilidades de la noche.

Para terminar: después de treinta años de carrera, ¿has contado ya todo lo que tenías que contar?

Mientras viva, si estoy cuerdo, seguiré contándolo, si la poesía quiere, porque es ella la que manda.

Tu última publicación ha sido la antología Seguro que esta historia te suena, aparecida la primavera pasada. ¿En qué proyectos está trabajando ahora Karmelo Iribarren?

Tengo un libro infantil en marcha. Otro de poemas que saldrá en breve en la editorial Renacimiento bajo el título de Las luces interiores. Y estoy escribiendo el monstruo de otro, que será una cosa rara, textos breves, frases, aforismos…

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